Esas eran las cosas que hacíamos algunos para “aparearnos”. Si en mis tiempos de soltería hubiera dispuesto de una herramienta tan maravillosa y con tantísimas posibilidades como Internet, otras "gallas" me hubieran cantado. Esto me trae a la cabeza una disyuntiva que de vez en cuando me ocupa. En cierta ocasión no hace mucho, me encontraba en la barra de un “garito” tomando una copa al lado de un antiguo compañero de colegio. Exactamente 36 años de antigüedad. En aquellos tiempos lo teníamos por “medio cipote”, nos sacaba cuatro años y lo suyo no era estudiar, ni tampoco era especialmente golfo, era eso, “medio cipote”. El caso es que manteníamos una conversación simple plagada de tópicos.
Entre tópico y sorbo, se me ocurre decir, no recuerdo a cuento de qué, - quién tuviera ahora veinte años.
El asiente con la cabeza, y yo buscando otra frase tópica para hilar con la anterior, añado:
- Y sabiendo lo que sé ahora. Él no tardó ni un segundo en contestar - ¡pues yo tonto!
De repente, se produjo una convulsión de mis esquemas, dentro de su simpleza, en un principio lo vi claro, llevaba razón. ¿O no?
Desde entonces, de vez en cuando me lo planteo. ¿Merecería la pena, en el hipotético caso de que fuera posible, elegir ser un joven sano y robusto “gilipollas”, en vez de un venerable anciano “sabio”?. Sería interesante saber qué porcentaje de población elegiría tal o cual opción. Y dado que los humanos siempre tendemos a querer perpetuarnos, encontraríamos argumentario suficiente para elegir la primera opción. Seguro que volveríamos a asumir otro aprendizaje para llegar a ser de nuevo un “sabio” anciano y venerable.
A propósito de esta disyuntiva, dialogaba con mi “compañera de piso” y amante esposa, sobre si era más feliz un “ignorante” en el más amplio sentido, o el resto de “listos” y “enteraos” que somos los demás (ella y yo incluidos, por supuesto). En serio, yo comentaba viendo el “telediario”, que no salían nada más que dramas, injusticias, mentiras, escándalos, y todo eso me producía asco, malestar, disgusto, cabreo. Y afirmaba que aquellas personas cuya vida se reduce a su entorno cotidiano, sin más preocupaciones que su trabajo, la hipoteca, los hijos y el futbol y las cervezas del fin de semana, son más felices en general porque necesitan y exigen menos. Los “concienciados” vamos a tener problemas para conseguir siquiera igualarles, porque nos van a dar motivos para ese cabreo cada vez más.
Se trata de una visión generalista y simple, porque teniendo en cuenta que la percepción de la felicidad es obviamente subjetiva, y esa percepción no es constante sino fugaz, y que cada persona es un mundo, todos y cada uno de nosotros podríamos exponer teorías sobre esa cosa que es el “sentimiento de felicidad”.
Si esto fuera un foro, ya habría tema de debate, pero como no lo es, corto el rollo “reflexiones” y seguimos con otra cosa.
Y ahora que me acuerdo, no quiero dejar de agradecer a mis “incondicionales” amigos/as, que con sus elogios me animan a seguir con el “jodío blog”. Palabro por cierto que todavía no se qué quiere decir exactamente; al principio lo entendí como una especie de “mi diario”, aunque al ver algunos (pocos), pienso que son más bien como “escaparates”, en el que cada uno muestra “su producto”, en mi caso el producto soy yo mismo, pero más que un escaparate sería una sala de exposiciones, y no solo porque haya incorporado fotografías de mis cuadros, sino porque también expongo mis “no-vergüenzas”. Por cierto, cambié el nombre del blog por pura “mercadotecnia” y he incorporado al álbum más fotografías de mi antigua obra, y más que incluiré conforme vaya encontrando fotos. Echo de menos el no tener más conocimientos informáticos para poder modificar las plantillas prediseñadas que me ofrece la página, muy limitadas, pero con el tiempo espero ir dominando el medio e ir diversificando los contenidos, añadiendo también música y algunas pijaditas más. No aspiro a muchos lectores, es más el hecho de tener algunos fijos para mí es más que suficiente, lo que si me llama la atención es hayan dado con la página desde China, Singapur o Finlandia, entre otros, sobre todo me gustaría saber que estaban buscando cuando dieron con esta “retahíla”.
Hoy mis obligaciones me impiden que os siga metiendo rollo, por lo que nos viene bien a todos que lo deje hasta otro ratito que esté más inspirado.


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