verano (por ponerle un nombre)
Quiero escribir algo, pero ya tengo problemas para empezar el texto, no encuentro la palabra adecuada que me dé pié para escribir todavía no sé de qué. Bueno ya llevo dos líneas, lo importante es avanzar.
Voy a empezar por hacer un somero balance de lo que llevamos de verano, por lo que si de temperaturas hablamos, le quedan dos días con antes de ayer. Ya solo queda la “jodida” feria, que cada año me gusta menos.
En lo particular, no puedo decir que haya sido un verano monótono, ni mucho menos, incluso tendría argumentos objetivos para ver la botella tanto medio vacía, como medio llena, pero como tengo una clara tendencia al optimismo, diremos que ha estado a tres cuartos de su capacidad, tanto en lo familiar como en lo profesional.
En lo general, si que ha parecido un refrito de otros veranos recientes, pero un refrito aburrido por no decir deprimente. Los políticos siguen a lo suyo y los ciudadanos soportando igualmente lo nuestro, que siempre es lo más gordo, aquí y en el resto del globalizado mundo.
Y después de este deprimente panorama global, me acabo de quedar en blanco, o mejor dicho, no quiero seguir por ese camino, que por muy real que sea, no me “da uvas” en este momento. Me gustaría encarrilar esta retahíla por caminos más alegres, que dejen la huella de una sonrisa después de su lectura, pero para ello voy a tener que tirar de recuerdos, y como llevo mucho tiempo sin releer lo ya escrito, corro el riesgo de repetirme, como de hecho ya me ha pasado.
En estas 48 primaveras que llevo vividas, han sido muchas las vivencias, las personas conocidas, y el poso que unas y otras han ido dejándome han contribuido de forma determinante en lo que hoy soy como persona, en los objetivos personales y en mi proyecto de resto de mi vida.
Aunque al final parece que me decante por la vena filosófica, efectivamente hoy, y no sabría decir desde cuando, estoy aceptablemente satisfecho conmigo mismo y mi círculo vital, intento mantener cierta armonía en mi entorno personal, tanto familiar, como de amigos y compañeros, que no siempre es fácil, pero por ahora se va consiguiendo. Igualmente intento no almacenar rencores, que tampoco “dan uvas”, al tiempo que distorsionan las “sinapsis neuronales” (¡que pedante!) que conforman el raciocinio. El objetivo, o un objetivo, es ser “buena persona” buen padre, buen amigo de sus amigos y buen compañero, que aunque suene un poco cursi, es por lo mejor que se me podría recordar cuando falte, que espero que sea cuanto más tarde mejor. Aunque seguro que siempre habrá quién considere que he hecho méritos para todo lo contrario, muchas veces los cristales tras los que miramos no tienen ni el mismo color, ni la misma graduación.
Siempre he temido los conflictos, más y más los personales, aunque no sé ni cómo ni por qué, me he visto metido en infinidad de ellos, unos más graves, otros menos. Imagino que ya venía programado desde chiquitín, aunque después de tantos años, haya aprendido a eludirlos, relativizarlos, o incluso en algún caso a solucionarlos. Creo que esta habilidad la he aprendido en mi última y ya larga etapa profesional. Los he tenido que afrontar de forma habitual y de distintos niveles de intensidad, porque eso, entre otras cosas, es “el pan nuestro de cada día” para un sindicalista. Pero insisto, esta etapa es la que me ha hecho crecer más deprisa, el hecho de conocer otras realidades, tanto personales como laborales, me ha ayudado a valorar más mi propia situación por un lado, como a mimar mis relaciones con las personas importantes en mi vida, aunque no sé si esto último lo terminaré consiguiendo, con lo “payaso” que soy, corro el riesgo de contar muchos malos chistes que a no todos hace gracia. Pero lo seguiré intentando.
También he aprendido a enfocar los problemas desde el punto de vista del camino más corto y más simple para su solución, lo que me ha permitido salir airoso de muchos de ellos, aunque ha habido otros mucho más complejos que han requerido mucho más trabajo. Pero casi siempre, la solución está en las personas, por lo que fomentando las habilidades “relacionales” adquiridas, al final estas situaciones acaban “dando uvas” y dejando de ser problemas, incluso en algún caso mejorando las relaciones personales.
Hay mucha gente que ha conseguido este grado de madurez y más antes que yo, pero la vida nos viene como nos viene, y pienso seguir aprendiendo a ser “mejor” en los términos ya descritos, en absoluto competitivos.
Bueno, queridos fans, espero no haberos aburrido en exceso con mi auto terapia de final de verano, espero que en septiembre me aflore la “musa” con renovados bríos y el olor a mosto en el ambiente que nos anuncia la cercanía del invierno y tal.


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