Ya pasó, se acabó el circo, hemos elegido a nuestros magos, equilibristas, malabaristas y algunos payasos (sin gracia la mayoría y con perdón de los payasos de verdad).
Todos muestran agradecimientos a diestro y siniestro, todos van a gobernar para y con “todos los ciudadanos”. Que esa es otra, porque ¿qué coño han votado los ciudadanos en Andratx o en Alhaurín el Grande?, por poner un par de ejemplos, dos pueblos con sendos gobiernos pillados “infraganti” enriqueciéndose con “sobornos” a costa de poner ladrillos hasta en el “cielo de la boca” de sus paisanos.
No sé si este tipo de cosas pasa en el resto del mundo “civilizado”, pero como se dice ahora ¡es muy fuerte! Sería más ético elegir al “Pernales” o a “Curro Jiménez”. Votos como esos que respaldan a delincuentes, son los que hace no muchos años se hacían mil cruces con el caso “Filesa” o con Juan Guerra, un juego de niños comparando con lo que hay ahora, Malayas, Poceros, y piratas diversos, eso sí, de todos los colores, que la democracia es la democracia hasta en el “ladronicio”, aunque en estos casos el color predominante es el azul.
Y es el azul, no porque lo diga yo que soy más rojo que Negrín, sino por una cuestión evidente. Está disculpado cuando no bien visto entre sus votantes y a las pruebas me remito, y no es nuevo, que en Marbella ganaría otra vez Gil si no estuviera en el infierno.
Debe ser que el españolito de a pié, o por lo menos muchos de estos españolitos, ven en las grandes urbanizaciones la clave para su bienestar, trae negocios, trabajo, impuestos, y la corrupción solo es un peaje a pagar por “otros”. Ayer casualmente veía una parodia del año 1989 de Albert Boadella sobre el progreso de España en los años previos a las Olimpiadas de Barcelona, y sigue siendo de plena vigencia. Como no va a haber repúblicas bananeras en hispano-América con la herencia que les dejamos.
Los españolitos que se abrazan al desarrollismo como el moderno “becerro de oro”, y que no ven que no es otra cosa que pan para hoy y problemas para mañana en muchos casos. Problemas con el agua, los servicios públicos, medioambientales, e incluso de convivencia, en definitiva de pérdida de calidad de vida. Porque no nos engañemos, ricos solo se hacen cuatro, pero los problemas los sufriremos todos. También nuestros hijos, a los que ponemos de excusa para justificar tanto desmán disfrazado de progreso.
Muchos me podrán tachar de estar en contra del “progreso”, al menos del progreso tal y como lo entiendan ellos, pero como el hombre al igual que cualquier animal, solo aprende cuando “se hace sangre”, y algunas veces tampoco, tendremos que “progresar” para poder palpar sus consecuencias. Y será entonces cuando alguien se acordará de la palabra “sostenibilidad”, y nos lamentaremos de no haber aprendido antes su verdadero significado.
Hay que ver cómo ha dejado las cabezas “la resaca electoral” de esta campaña. ¿O será la edad? El caso es que esta vena ecologista que me está entrando a mí, que tiro las colillas (apagadas) por la ventanilla (para que no huela el coche), y que se me agudiza viendo fotografías de esos acantilados incrustados de chalés de colorines, a modo de verrugas, frente al mar, y solo por dinero, ¡me hierven las entrañas! Dinero que dilapidarán en cochazos, barcos, casinos o puticlubs, como vulgares Poceros “hechos a sí mismos”.
Sí es verdad que la naturaleza es sabia, cualquier día de estos nos va a mandar ¡a tomar por el culo! Sin distinguir a quién narices hemos votado, pero lo peor será que no quedaremos nadie que pida cuentas ni a quién pedírselas. Al fin y al cabo solo somos algo que da vueltas alrededor de un punto de luz dentro del universo. Ni siquiera una mierda.
Lo dicho que hoy tengo un registro demasiado contaminado por los telediarios. Voy a tener que dedicarle más horas al sexo (ja), que a mi edad se va convirtiendo en algo más intangible, o dicho de otra manera, se va desarrollando más el órgano sexual que es el cerebro, en detrimento del otro que todavía podría dar mucho más juego, en vez de “chupar banquillo” más tiempo que el que se merece.
Las personas “humanas” y a lo mejor las “otras”, siempre estamos quejándonos y exigiendo, eternamente insatisfechas y sobre todo críticas, más y más con los “nuestros”, aunque esto no es aplicable a las “otras”. Se me plantean varias cuestiones, entre otras: ¿son esto virtudes o por el contrario son defectos que deberíamos corregir? ¿O son estas características las que nos hacen “humanas”? ¿Habrá que buscar otra alternativa de organización social? ¿Hay otra alternativa? ¿Habrá que fomentar la ignorancia para encontrar la felicidad? …
¡Ahí queda eso!







