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homenaje a la boina tomellosera,

martes, 10 de abril de 2007

He empezado la semana fuerte, pero voy a dejar algo, ya que los próximos dos días tampoco podré.

Lo dejamos la última entrega tras contaros algunas anécdotas pseudo sexuales, y me viene a la memoria otra historieta por el estilo. Carmen, creo que se llamaba, espigada y moderna maestra llegada a Tomelloso, y que por aquellos días estaba de “novieta” del “Pájaro”, se encontraba en un garito dónde acudíamos la peña con un puntito de alcohol cariñoso, me sacó a bailar lento, sería mi segunda o tercera vez (que bailaba lento), y yo la notaba demasiado cariñosa teniendo en cuenta su relación, por lo que yo, muy respetuoso con los amigos, eludía esas muestras de “cariño”, e incluso creo recordar que ponía los brazos de parapeto como las “estrechas”. La cosa quedó ahí de momento, ella se dio por vencida y yo un poco-bastante confuso. Hay que tener en cuenta que yo todavía era virgen, y Carmen me daba muchísimo morbo y protagonizaba bastantes episodios de “mi vida interior”. Un par de horas más tarde, ya por la noche, volvimos a coincidir en la discoteca Kikes, pero, aunque seguía igual o más cariñosa que antes, no era conmigo sino con el amigo Buendía, algo menos escrupuloso que yo con el tema de las novias de los amigos, el caso es que ellos estaban liados a “brazo partido” a mi lado, y yo repitiéndome a mí mismo cuarenta mil veces lo gilipollas que acababa de ser, por lo que ni corto ni perezoso, empiezo a acariciarle la pierna a la “susodicha”, ascendiendo lentamente a terrenos más cálidos, si bien nunca llegaba a quemarme porque cuando a ella le daba por echar cuentas y no le cuadraban las manos que la sobaban, me recriminaba lo justo para avergonzarme, aunque no lo suficiente para que no lo volviera a intentar de nuevo hasta que directamente se fueron a “asorratarse” en su pasión. Una pena que en aquellos tiempos no estuvieran de moda los tríos.

Qué tiempos aquellos, cuanto nos queríamos y que bien estábamos todos juntos, menos cuando había que follar, que para eso todos eran, y luego yo también, muy nuestros. Eran tiempos en que las “anfetas” te las vendían en la farmacia casi sin receta ni mirarte como a un “excluido social”, estaban peor vistos los “porros”, pero el caso es que a la “peña” nos gustaba todo lo que la vida nos ofrecía en esos momentos. Las anfetas que por veinte duros te daban un bote de 60 “bustaid” o por un poco más 24 dexedrinas de 15 mgs nos proporcionaros momentos de verdadera “catarsis”. Como aquel sábado por la noche en el pub del “Gurus”, hoy creo que es “la bici”, en el que empezamos proponiendo que a raíz del “pelao” tan radical de Luismi, icono del “rojerío acratoso” que conformábamos, y que lo hacía parecer “persona” debíamos hacer algo al día siguiente domingo, alguien propuso que nos vistiéramos todos con trajes y nos paseáramos por la calle D. Víctor, pero acto seguido otro perfeccionó la propuesta, montaríamos una boda en toda regla. El novio ya lo teníamos, Luismi, en seguida designamos novia a “La Yayes”, la madrina Inmaculada y el padrino yo mismo. La cosa quedó así y a la mañana siguiente me emperifollo con mi traje y mi corbata, me monto en mi vespino y me voy a por el novio que todavía estaba en la cama. Le prepara su madre un traje sin acabar de creerse lo de la boda, me lo monto en mi vespino y lo llevo al lugar de encuentro, “La Polvera”, residencia de verano de Luismi que en invierno servía para que fueran “follandillo” las parejitas. La gente empezó a llegar debidamente maqueadas para una boda, dispusimos de tres o cuatro coches para el desfile nupcial con su correspondiente atalaje de lacitos y flores gracias al amigo Félix que en eso se daba mucha maña, como en la preparación del correspondiente ramo de la novia y nos encaminamos para la plaza. Nos acabamos juntando unas cuarenta personas, buscamos un fotógrafo de los de antes que nos hizo la correspondiente foto en blanco y negro con los bordes dentados, se ofició (no recuerdo quién) ceremonia en el “poyete” del juzgado (que estaba cerrado), y nos dirigimos en protocolario desfile hacia el bar de “La Bandola” para el correspondiente “lunch”, y luego al bar “Penalti” a comernos una tarta y bebernos unas botellas de cava. El pueblo llano acabó creyendo que aquél “apóstol” del amor libre, el anarquismo y las drogas, se había casado con la “Yayes” la hija de “Gachas”, en fin un alucine “que lo flipas”, como se diría ahora.

Lo dejo por hoy, y espero que el viernes pueda meter otro poquito de rollete.

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video clip de Bruce


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musiquita de los 60, recordada en el 90


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concierto de Gato Pérez unos meses antes del infarto


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documental de Tomelloso en 1948 1ª parte


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documental de Tomelloso 1948 2ª parte


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Ya semos europeos


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