drogas
Querido público, vamos a ver que me sale, porque estoy dudando entre contaros algo en la línea de las últimas entregas, o marcarme otro soliloquio con alguna de mis especialidades en “cocinilla”, sociólogo de cocinilla, filósofo de cocinilla, psicólogo de cocinilla, etc.
Tengo varios temas pendientes como Drogas, Relaciones Humanas, Trabajo, Hijos y demás familia, Internet, Cocina, etc. Podéis participar sugiriendo alguno de ellos o incluso otros.
Pero como soy una persona ordenada (a mi manera), o por lo menos algo “cuadriculada”, voy a empezar por el primero, las DROGAS.
Palabra dura y con muy mala fama, que cuando se aborda en primera persona hay que hacerlo con sumo cuidado de no quedar por lo que no se es, aunque a lo mejor sí que lo sea. Las drogas en sí no son ni malas ni buenas, dicho de forma aséptica son simples sustancias capaces de alterar comportamientos, y dependiendo de qué comportamientos y cuanto los alteren, se las irá clasificando como más o menos peligrosas.
Ciertamente lo que he dicho es muy obvio, por lo que la mejor manera de que podáis entender lo que quiero decir es contando mi experiencia personal, que desde ya mismo digo, en ningún caso es extrapolable ni generalizable, porque no todos los organismos asimilan de igual forma determinadas sustancias, ni los efectos sobre factores como la personalidad y el carácter de cada persona es el mismo. Hay muchas variables físicas y psíquicas que alterarían el resultado del efecto de la misma cantidad de droga en una u otra persona; por ejemplo, el peso, el género (hay estudios que demuestran que el alcohol hace más efecto en las mujeres que en los hombres, aunque en la realidad todos conozcamos algún caso que cuestione estos estudios), una personalidad depresiva, y algunos más.
Mis primeros recuerdos en los que aparece alguna droga en mi vida son a los ocho años. En las Nochebuenas en familia. Me acuerdo de los puntillos que cogía con la Sidra Champán el Gaitero, famosa en el mundo entero, y no es que me acuerde, es que lo tengo en imágenes que añado a esta página. Me daban la sidra sin ningún cargo de conciencia, pero no era la única ocasión, también recuerdo de irme un año con mis tíos en Huelva, a una “chabola” de carrizo que tenían en la playa, y mi tía nos daba a mis primos y a mí a media mañana de julio o agosto, un vaso de vino tinto, de los de cuarto de litro, con una yema de huevo, y también me acuerdo de las arcadas. Después de semejante aperitivo teníamos marcha para todo el día, y calor ¡ni os cuento!. Y anunciaban en la tele Quina Sª Catalina, vino quinado “apto” y “recomendable” para que a los niños de antes se nos abriera el apetito. Ahora se explicará mejor el episodio de los ocho meses sin permiso de conducir.
Como ha cambiado el mundo, pero continúo, lo siguiente fue el tabaco, porque como ya he dicho en otra entrega, era “cosa de hombres”, sino fumabas te arriesgabas a la marginación, los críos de entonces éramos muy cabrones, y o te integrabas o te arriesgabas al escarnio público, y sobre todo nadie te advertía de lo malo que era esta droga. Me acuerdo especialmente de mi primer puro, recuerdo que me llevé al colegio dos de alguna boda que estaban por mi casa. Rondaba los catorce años, y en una clase de gimnasia, de la que estaba exento por cojo, mi compañero de pupitre y yo nos buscamos un sitio discreto y nos dispusimos a dar cuenta de aquellos puros. Nos tragábamos el humo y poníamos caras de machotes, y en un momento dado, Dueñas, que así se llamaba mi compi, se quedó lívido y callado, yo llevaba un rato que ya no me estaba bueno e iba dilatando cada vez más el tiempo entre calada y calada, de repente sale corriendo derecho al WC, al que no pudo llegar, por su boca salieron “Allien” de todo tipo, parece ser que se puso como un cerdo comiendo. Yo cuando vi aquello, lo primero que hice fue tirar el puro, que nunca más me llamó la atención.
Llevo fumando treinta y cuatro años, y tengo muy claro que el “tabaco” es una de las drogas más adictivas y dañinas que existen, y la relación daño/placer que ofrece no compensa en absoluto. Y además considero por lo que a mí respecta de muy difícil desintoxicación y deshabituación, pues aunque eres consciente del daño, este no se percibe inminente ni lo suficientemente grave a corto plazo, por lo que las medidas para cortar las vas demorando indefinidamente, aparte de que envidies a quién ha tenido el valor de eliminar esta droga de su “dieta”.
El cannabis, marihuana, chocolate, y algunas acepciones más sirven para llamar a esta “santa” droga que es el “tetrahidrocanabinol”, aunque mucha gente piense que son cosas distintas la marihuana y el hachís u otros derivados como el aceite de cannabis, en realidad el principio activo es el mismo, el THC. Existe una gran controversia sobre si es buena o mala. Yo que la llevo consumiendo de forma habitual desde hace treinta y un años puedo hablar con cierto conocimiento de causa. Aunque antes quiero dejar bien claro que conozco a mucha gente que empezó a fumar cuando yo, y muchos de ellos lo dejaron porque no les iba bien; se deprimían, se volvían apáticos, o simplemente les daba por vomitar. Tengo que decir que antes de probar mi primer porro, ya me había documentado con material de la época, principalmente el “ajoblanco” revista libertaria que desconozco si se sigue publicando.
A mí particularmente nunca me ha sentado mal, y me habré fumado lo que no está en los escritos, lo que no me ha impedido cumplir en mi trabajo como el que más, ni tampoco me ha impedido relacionarme con el resto del mundo. Todo lo contrario, porque aunque yo soy de natural tímido, gracias a esta sustancia he conocido mucha y casi siempre buena gente; por establecer alguna similitud grupal, los fumadores habituales de cannabis hoy, seríamos algo así como ser del Atlético de Madrid, con cierto orgullo de clase y el aliciente del haber vuelto a las cavernas de la clandestinidad, después de la época dorada cuando el “Tierno Profesor” hacía apología del porro siendo Alcalde de Madrid.
Otros van más allá y son capaces de decir cosas como estas: Los posibles usos terapéuticos incluyen analgesia, disminución de la presión intraocular, efecto antiemético en vómitos inducidos por quimioterapia antineoplásica, propiedades relajantes musculares en esclerosis múltiple, traumatismos medulares y alteraciones del movimiento. Además, algunos informes recientes indican otros posibles usos de estas sustancias como neuroprotectores (en modelos animales de enfermedades neurodegenerativas e isquemia cerebral), antiasmáticos y anticonvulsivos.
En cualquier caso el mayor defecto que le encuentro, es que hay que mezclarlo con tabaco, con el consiguiente perjuicio para la salud, y que para disponer de ella, o conoces a alguien que conoce a alguien, o te tienes que adentrar en los ambientes, o la crías tú mismo, opción más barata y de más garantías, siempre y cuando no se te vaya la mano y conviertas tu patio o terraza en una selva. En cualquier caso, tanto con esta como con el resto de sustancias legales e ilegales, el abuso siempre es malo, hay que conocer la medida de cada uno.
La siguiente que probé fue la anfetamina, maxibamato, centramina, bustaid, eran algunas marcas de anfetaminas de venta legal en las farmacias, pero la “creme de la creme” era la “dexedrina spansul” de 15 mg. Tenían lo bueno de la cocaína pero sin la capacidad adictiva de esta última, y digo esto por varias razones:
Eran de muy fácil acceso por precio y porque te las daban muy a menudo sin receta, con solo decir que era para tu madre. Se prescribían para el adelgazamiento puesto que inhibían el apetito, aunque en el caso de la dexedrina se utilizaba paradogicamente para tratar la hiperactividad en los niños; pero pese a esta facilidad solo las consumíamos los fines de semana, y además se socializaba el envase, y el cuerpo no te pedía más al día siguiente, y si tenías en tu casa no te daba por comértelas así por las buenas, salvo que tuvieras exámenes y hubiera que pasar la noche en vela estudiando. Yo eso nunca lo hice, lo de quitarme sueño para estudiar.
Otra sustancia que igualmente probé fue el LSD, ácido lisérgico, que en su día aprendí que se extraía del cornezuelo del centeno, ya ves que tontería. Y aunque he pasado ratos de mucha risa, muchos colores y muchas luces, no controlaba tanto lo que salía por mi boca, y me refiero a las palabras, ni al día siguiente me acordaba de forma precisa de las tonterías dichas, lo que me producía cierto desasosiego. El caso es que si tocaba, participaba pero sin mucho entusiasmo, además al ser dosis tan minúsculas te podían vender cualquier cosa, incluso un moco pegado con dos capas de celo como me pasó en cierta ocasión. Nada de capacidad adictiva, y si probables consecuencias de “pérdida de olla” si se abusa de su consumo.
Otra vez, y debido a mi insaciable curiosidad, en el Interviú venía un reportaje sobre medicamentos de farmacia con aplicaciones alucinógenas, y yo me quedé con un nombre, “tilitrate”, que no me acuerdo para qué coño se prescribía, solo recuerdo que había que echar en la bebida 3 o 4 gotas. El caso es que nos juntamos en mi piso un conocido que vino con una “moderna” que acababa de encontrar. Yo como buen anfitrión saqué el bote de tilitrate y nos echamos la dosis indicada en sendos cubalibres, pero al acabarse los primeros vasos, la colega moderna se ofreció a reponer bebidas, y cuando nos las habíamos acabado confesó haber vaciado el frasco en los cubalibres, una gracia de la niña. Como aquello empezó a hacer un mal efecto, ellos se fueron y creo que no les volví a ver. Yo me fui a la cama con muy mal cuerpo, cuando a las doce de la noche me desperté sobresaltado con las voces de mi vecino Camilo.
Resulta que me estaba poniendo verde por su ventana del patio interior de vecinos, voceando cosas tales como “en ese piso no hay más que putas, drogadictos y maricones”, “voy a llamar a la policía”, y otras así. Con el cuerpo rondeño que tenía, lo último que me podría apetecer era que me montaran un pollo de tal calibre, y con público, y a esas horas. Después de eso me tiré toda la noche dándole vueltas, al por qué de ese numerito, y a la taza del váter. Al día siguiente, una de sus hijas hermana de la del cuadro “mi vecina”, me confesó que una compañera de su madre le había dicho que mi piso era “la Sodoma de Linares” o algo parecido. ¡Cuánta ignorancia!
La siguiente que apareció en mi vida fue la “cocaína”, la peor por ser la mejor, y me explico:
Es la droga que mejor te hace sentir, te hace más locuaz, más rápido de reflejos, más resistente físicamente, más seguro de ti mismo, en definitiva: ¡Te engaña!, y lo peor de todo es que se corre el peligro de “dejarse engañar” de forma voluntaria. Hoy en día es más fácil encontrar cocaína que cualquier otra droga. Cuando no la consumes piensas en ella y eso es malo, independientemente del nivel de adulteración que suele tener. Produce insomnio que cuando estás de fiesta está bien, pero cuando la fiesta se acaba tu quieres seguir y seguir.
Le reconozco algunas virtudes como la de facilitar enormemente, en mi caso por lo menos, la comunicación no ya con la gente habitual, sino con cualquier persona, lo que está bien si al día siguiente no te arrepientes de haberte sincerado con quién no correspondía. Hay gente que dice que controla, yo tengo mis dudas, es muy peligrosa por adictiva y porque mientras hay material te sigues “azufrando las narices” aunque sepas que ya no te hace nada, que no “te sube”.
Ocasionalmente, insisto, se puede “llevar”, pero se necesita un “pepito grillo” a tu lado para recordártelo. De haberla conocido al principio temo que podría haberme arrastrado con sus falsos encantos.
Y para terminar este capítulo lo haré con las “pastis” estas que se estilan ahora, el éxtasis, o también el MDMA, que las he probado muy poco, quizás porque me ha pillado viejo, o porque no traen “prospecto”, el caso es que no me resultan atractivas, a lo mejor es porque las comparo con las anfetaminas de aquellos años 80 y “no hay color”.
En resumen, todos somos muy libres de envenenar nuestro cuerpo con lo que nos venga en gana, sin salpicar. Yo lo único que he intentado es compartir mi experiencia que, aunque está trufada con muchísimos más detalles con los que se podría realizar otro blog, puede que a alguien le sirva de algo. Las drogas se pueden utilizar, lo que no puede ser es que sean ellas las que te dominen. Hay que relativizar su peligro, pero también sus virtudes.
Pasado mañana más.








1 comentario:
"Te voy a decir una cosa que es la siguiente:"
Con esta coletilla que usa un amigo común, quiero aprovechar este capítulo de tus memorias para hacer una incursión en tus "mono"logos (hablando de drogas).
Yo, que en el río de tu vida, he compartido los meandros tranquilos y sosegados de tu curso medio (se nota mucho que repaso geografia, perdón conocimiento del medio con mi hija) tengo que reconocer que en tu enumeración de sustancias que alteran comportamientos, te has olvidado de una muy importante. Y no se trata de nada que se pueda fumar, beber o inyectar.... es más bien un estado de ánimo o un tipo de vibración que hace que las personas se sientan distintas cuando sucede.
Yo que no he tenido experiencias con las drogas, mas allá de emborracharme con submarinos y marearme fumando puros en las bodas, si tengo que decirte que en ocasiones, me he sentido embriagado, subyugado, arrebatado por las sensaciones de estar bajo otro tipo de influencia.
Te estarás preguntando que coño estoy tratando de decir y a que me estoy refiriendo.
Por partes, y ahora me explicaré, o por lo menos eso intentaré.
Yo que te he visto los ojos vidriosos y relucientes sin haber fumado nada, sólamente recordando y viendo imágenes de compañeros que ya no están con nosotros (Justi,Chema...), yo que te he visto comunicándote, relacionándote y alternando sin necesidad de nada, sé que realmente no necesitas las drogas para buscar otras realidades, pero como todos, nos buscamos "vicios" con los que justificar meros hábitos adquiridos o simplemente dependencias y miserias demasiado humanas. Se que tienes una curiosidad impenitente, y eso te ha llevado a experimentar más allá de lo que el sentido común dicta. Pero es que sin eso no serías tú.
Pero me estoy llendo por las ramas y este blog es tuyo, y no mío, por lo que vuelvo al principo: Lo que te has olvidado, eso que digo que en algunas ocasiones tiene los efectos de alguna droga, hace que los que lo comparten se sientan bien, se rían juntos, digan tonterías y pasen un rato de puta madre a la par. es algo que has mencionado mucho más abajo de este blog, y no es otra cosa que la empatia, del griego εμπάθεια, que significa simpatizar, sentir en común, y es que a tu lado, hay ocasiones en que uno, por lo menos se siente como si realmente hubiese fumado algo, creandose una atmósfera tan especial, embriagadora y subyugante que realmente puede llegar a ser adictiva. Eres una droga que en ocasiones penetra a través de los sentidos y engancha.
Y quiero que entiendas esto como un reconocimiento a nuestra amistad, y no como un peloteo baboso a las 2 de la mañana, que por cierto, es mi hora habitual de escribir.
Por hoy ya vale. Nos vemos, amigo. jl2
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